Un recorrido por las crisis económicas más importantes del último siglo nos deja ver claramente que, aunque tengan distintos detonantes y se desarrollen en diferentes contextos, las recesiones presentan un patrón común que debe romperse.

            Dichas etapas son repetitivas y siguen un orden que podría esquematizarse de la siguiente manera:

  • El crecimiento económico o época de bonanza (producto de algún acontecimiento importante como la revolución industrial o la aparición del Internet).
  • El posicionamiento de activos en el mercado, acompañado de la compra y venta de acciones de inversionistas eufóricos
  • La formación de una burbuja económica producto de la especulación del mercado bursátil, la emisión de bonos y otorgamiento de créditos bancarios sin control
  • El colapso y caída de los mercados porque los activos no cuentan con ningún tipo de respaldo. Luego, sobrevienen quiebras de bancos y empresas, desempleo y pobreza.
  • Finalmente, se produce la recuperación y el reordenamiento progresivo de la economía con lo cual se estabilizan los valores del mercado.

En este punto, es preciso mencionar que la estabilidad alcanzada luego de cada crisis solo es tal para las élites económicas y la ciudadanía continúa sufriendo las consecuencias devastadoras de las recesiones.

Este hecho debería ser aleccionador para los representantes del poder político y económico, quienes están en la obligación de ejecutar acciones orientadas a proteger a la población.

Gestiones económicas basadas en la inversión social, la regulación financiera, la planificación y el adecuado manejo de recursos pudieran ser efectivas para evitar estos colapsos del sistema económico mundial.

Pero, más allá de las políticas gubernamentales, este ciclo de las crisis debe convertirse en una motivación para que los ciudadanos se instruyan financieramente y cambien su forma de relacionarse con el dinero. Si la sociedad aumenta su cultura financiera y conocen el funcionamiento de la economía, el patrón de las crisis puede modificarse.

La educación lo es todo

La globalización y el auge de la tecnología financiera han cambiado los hábitos y ritmos de vida de las sociedades. Cada vez son más personas las que pueden acceder a plataformas que les permiten hacer diversas transacciones y les brindan atención personalizada.

Sin embargo, el acceso a la tecnología no es sinónimo de un buen manejo de las finanzas. Es necesario impulsar la educación financiera con la finalidad de que las personas incrementen sus conocimientos sobre productos, conceptos y riesgos financieros para tomar decisiones acertadas que garanticen bienestar económico.

Conocer los conceptos de ahorro, emprendimiento, planificación, gestión de gastos, libertad financiera, seguros de vida, entre otros, ofrecerá a las personas las herramientas necesarias para tener una mejor calidad de vida.

Por ello, es indispensable que se promueva la educación financiera en niños y niñas, colocándola en el mismo nivel de prioridad que se le otorgan a áreas como la lectura y la matemática. La inversión educativa es una siembra que a futuro dará frutos de prosperidad.

Alternativas de reinvención

Las formas alternativas de relacionarse con el dinero también están ligadas a la tecnología. El Fintech o la tecnología financiera figuran como opciones viables para generar ingresos, emprender negocios y obtener libertad financiera.

La era de la economía digital llegó para quedarse y demanda profesionales que estén dispuestos a formarse para ser parte de las innovaciones venideras. Por ello, nuestra empresa Fintech 4.0 pone a su disposición distintas opciones de formación académica ligadas al trading, las criptomonedas, la blockchain y la  minería digital.

Estas herramientas cobran especial importancia en la actual crisis que vive el mundo, debido a la pandemia causada por el Covid -19. La cotidianidad de las personas ha cambiado y  el comercio electrónico, el teletrabajo, la telemedicina y los estudios online representan nuevas formas de relacionamiento humano mediante la tecnología. Son evidencias de los cambios que la economía y demás aspectos de la vida experimentar en un futuro cercano.

En ese sentido, la coyuntura que atraviesa el planeta debe convertirse en motivación para reinventarse, aprovechar oportunidades y contribuir a la reconstrucción material y moral que demanda la humanidad.